Adolescencia: Cómo ser su amigo y ayudarle a madurar

Escrito por Autor desconocido.

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Se dice que la adolescencia es la edad de la rebeldía y la etapa más difícil y dolorosa del ser humano. ¿Será cierto esto? ¿O será que mucho hemos colaborado para hacer que esta afirmación sea verdad? Cierto que durante entre los 12 y los 18 años, se pasa por un periodo de maduración importante,

dónde no sólo hay un movimiento acelerado de hormonas y sistemas que se necesitan adaptar a las nuevas necesidades fisiológicas correspondientes al crecimiento y la sexualidad, sino que además es el momento donde los adolescentes están intentando disfrutar el mundo a su manera, están descubriéndose a si mismos y esto implica una necesidad de huir de lo que sienten.

Comienzan a lidiar con varias emociones como la ira, en especial con los padres o las autoridades, que sienten que les limitan, así como la ansiedad y la depresión, que no son malas, sino reacciones que ocurren de acuerdo al entendimiento y comprensión de cada persona, emociones que solo se vuelven nocivas cuando uno no sabe qué hacer con lo que siente.
A pesar de todo lo que alguien pudiera mencionar respecto a los adolescentes, sin duda ellos están en una época maravillosa; no llegan a tener la mentalidad dura e inflexible, que con el tiempo a veces desarrolla el adulto, ni tampoco la inmadura como para no absorber conocimientos más profundos. Sino que en sus mentes está la frescura e ingenuidad de la niñez, el encanto de la curiosidad y el ánimo fascinante de la aventura y el riesgo. Sus mentes en este momento tienen la frescura de absorber entendimientos más amplios y son flexibles, así que aprovechar este momento para ayudarlos a madurar es algo que sólo requiere de un poco de compresión por parte de los adultos que lo rodean.

Con estos puntos te evitarás muchas riñas y dolores de cabeza:

  • NO INTERPRETES SUS ACTITUDES:

Es una de las cosas más nocivas en las relaciones con un adolescente. La interpretación es la forma de traducir algo a la forma de uno, y ésta depende de los conocimientos y experiencias de cada cual. Decir que el joven hizo algo “malo” o que tiene una actitud “rebelde, desconsiderada, inmadura o abusiva” es sólo una interpretación, y el sólo hecho de expresarle esto a un joven con severidad puede llevar al adolescente a serlo, pues se le está programando negativamente, le estas diciendo algo que, a final de cuentas, sólo es tu punto de vista.

Así que lo primero es aprender a observar lo que el adolescente hace sin juicio alguno, tomando en cuenta que ellos, en este momento, muchas veces lo que quieren es llamar un poco la atención de quienes lo rodean. La forma de liberar las emociones que no entienden o les agobian, es por medio de actitudes “rebeldes”.

  • NO LO CASTIGUES NI REPRIMAS; REFLEXIONA CON ÉL:

Lo mejor cuando el adolescente hace cualquier cosa que a tu parecer no es la correcta, es poner todo tu esfuerzo por detener tu impulso de regañarle, y ponerte a reflexionar con él.
Ayudarlo a pensar es una clave muy valiosa para todo joven, pues con esto le estás permitiendo que él se vea a si mismo y se considere, cosa que valoran mucho. Recuerda que ellos No quieren, aparentemente, ser conducidos, pero en el fondo quieren que les conduzcan, pero no donde tú quieres o consideras “bueno”, sino hacia el descubrir lo que vale para ellos y ayudarles a madurar lo que sienten por medio de la reflexión.

La forma de conducción no debe ser con regaños ni insultos ni castigos, sino llevándolo a si mismo de la forma más amigable posible: ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué crees que te llevo a reaccionar así? ¿Qué crees que deberías hacer ahora? ¿Cómo puedes solucionarlo? Con esto el sentirá que le estás permitiendo el espacio de ser y valorar, que lo estás considerando una persona capaz de pensar y tomar respuesta ante lo que hace, y con esto le estás diciendo que crees en su capacidad de tomar decisiones acertadas.
Entablar un diálogo muchas veces es difícil, sobre todo cuando no estás acostumbrado . Pero si empezáis por no gritar o reprender e interesarte más por lo que siente, poco a poco el diálogo podrá fluir. Uno se sorprende de lo que contesta un joven cuando se le ayuda a reflexionar.

  • PONER LÍMITES AMOROSOS:

Es la época de las fiestas, de los amigos, de querer hacer cosas distintas: es la época de querer irse. De nada te servirá estar regañando y castigando porque se va sin avisar, o llega tarde, o no cumple con sus deberes. El buscará la forma de no hacerlo. Así que la clave secreta para esto es serenarte y comenzar poco a poco a establecer unas reglas inteligentes. Por ejemplo, si un día te pide permiso para salir y tu consideras que es apropiado, dile que sí, pero que quieres que regrese a tal hora. Le tienes que decir, amorosamente, que si regresa después de esa hora, entonces el mismo estará eligiendo no salir la próxima vez. Así que si acaso no cumple y llega tarde, no tienes que salir corriendo reprenderlo, no, sino lo saludas con amabilidad y luego le dices: “Siento que hayas elegido no salir la próxima vez” si el grita, se enfada o te da excusas, si te reclama “el castigo”, no tienes que ponerte a gritar con él, simplemente dile que tu no lo castigas, que tu simplemente estás haciendo lo que el eligió hacer en el momento en que no llegó a tiempo. Lo mismo puedes hacer con sus deberes. Dile: antes de irte necesito que pongas orden en esta habitación o termines los deberes de la escuela. Si no lo haces, tú mismo elegirás no salir o ir con los amigos. El simple hecho de hacerlos sentir que ellos “eligen” las consecuencias, es otorgarles el grado de la responsabilidad.

Estos valiosos consejos funcionan mejor a medida que los apliques a más temprana edad, incluso si tu hijo aún no llega a la adolescencia. Hacer responsable a un joven no tiene nada que ver con gritarle, pegarle o hacerlo sentir “mal” para que vea sus errores.
Cuanto más ayudes a pensar y a hacerlo consciente de lo que hace, más sentirá respeto por ti, valorará más tu presencia porque lo estás ayudando a crecer al permitirle experimentar lo que siente y lo que hace, sin crítica ni culpa, sino con entendimiento y consciencia, usando palabras que le ayuden a su crecimiento personal y no que le obstruyan su madurez o nublen su autoestima.
Nunca les digas que son malos, nunca los hagas sentir culpables, esto sólo los lastima y los vuelve inseguros. Mejor ayúdales a explorarse a si mismos, y condúcelos con preguntas a que tomen decisiones acertadas.

Y aunque de todos modos quizá tu hijo quiera irse, la convivencia con el mejorará en todo sentido. Si en verdad te empeñas en establecer un diálogo consciente y amigable, cuando se vaya lo más probable es que veas partir un hombre inteligente emocionalmente, y no un niño inmaduro e inseguro que no sabe qué hacer con la vida.